UNA FANTÁSTICA HISTORIA
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NAYEP
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NAYLAMP
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NAYEP, UN SER ESPECIAL

En una época muy remota, salía entre los árboles una imagen oscura, que se iba acercando cada vez más y más. Era Nayep, el cual poseía en su plumaje un color pardo; pico largo con forma de espátula; cabeza verde lustroso; pecho blanco; vientre color castaño y una mancha azul pálido en el borde superior de sus alas gigantescas. Era el llamado pato pico de cuchara, único en su especie, amigo de todos los animales pues tenía un corazón noble y puro.

Vivía en lo alto del Valle La Leche, por donde pasaba un río del mismo nombre, fuente de hermosos y grandes árboles frutales; el agua presentaba numerosos tonos de azul verdusco; el cielo tenía un tinte color celeste pálido con un sol radiante; y entre las crestas de las montañas había aún algunas nubecillas que todavía no se borraban del todo; sus planicies alfombradas de verdes arrozales y los animales encantadores adornaban aquel bello lugar.

Cierto día, al amanecer, el cielo se veía triste, estaba gris con muchas nubes y viento fuerte. Nayep como de costumbre salió a dar un paseo, y cuando estaba volando empezó a llover muy fuerte, se posó en la copa de un árbol y esperó a que terminara la lluvia. A la mañana siguiente, al salir los primeros rayos solares, por fin dejó de llover.

Nayep bajó para ver si sus amigos necesitaban ayuda; pero se dio con la sorpresa de que no había nada, ni comida, ni animales, ni árboles; todo se había inundado, sólo él había sobrevivido; es por eso que emprendió una travesía buscando un lugar donde pueda vivir y comer tranquilo.

Voló por muchas horas, ya había recorrido una gran distancia, estaba cansado, con sed y hambre. Llegó la noche y el frío, él no pudo soportarlo más, sus alas ya no respondían estaban casi muertas, su cuerpo le pesaba y cayó precipitosamente a un Bosque, era el famoso Bosque de Pómac; uno de los bosques más secos tropicales del mundo, y de gran riqueza vegetal. Por suerte los numerosos árboles que poseía Pómac amortiguaron la caída de Nayep ; pero no lo suficiente como para poder evitar que éste se desvaneciera. Cuando Nayep despertó, observó que estaba bajo un árbol de algarrobo, frondoso, muy antiguo, al parecer milenario.

Nayep quiso levantarse pero no podía, todo su cuerpo estaba adolorido, iba debilitándose poco a poco, hasta que se quedó profundamente dormido.

Una bandada de garzas, pasaba volando por ese lugar, buscando alimento. La más joven de ellas vio al pato postrado en el suelo, se compadeció y decidió ir a ayudarlo. Al llegar donde estaba él, tomó una pequeña cantidad de hojas y delicadamente se las colocó para cubrir la herida que tenía en una de sus alas. Nayep comenzó a reaccionar poco a poco, fue allí cuando vio a una blanca garza, de cuello alargado, un bello pico anaranjado, y patas largas del mismo color. Ésta le dijo:

-Tranquilo te vas a recuperar, trata de descansar
-¿En donde estoy? ¿Quién eres tú? ¿Por qué me ayudas? -dijo Nayep adolorido.
- Soy Luya y vine ayudarte porque te vi muy mal herido- añadió la garza.
- Muchas gracias, por ser solidaria conmigo- dijo Nayep.
- No te preocupes, y dime ¿Qué fue lo que te pasó?- preguntó Luya.
- El valle La Leche donde yo vivía se inundó debido a una lluvia torrencial que cayó hace unos días. Por ello volé mucho y como estaba cansado caí y resulté aquí lastimado.- comentó Nayep.
- Bueno, pero ahora estás conmigo, yo te cuidaré – lo animó la garza.
- Te agradezco mucho. Sin ti quizá hubiese muerto. Pero, la vida me ha dado otra oportunidad y no la desperdiciaré – expresó Nayep.