

|
LA BATALLA ENTRE ROC Y BUNYIP
Volaron y llegaron hasta un hermoso mar, semejante a los que es hoy la playa de San José en Lambayeque, de aguas bravas color azul celeste, que se reflejaba en el inmenso cielo; la arena brillaba en todo el paisaje, la espuma de sus aguas era tan blanca como la nieve; habían algunas nubes paseando lentamente por aquel cielo, siendo iluminado por la luz del sol. Esa era una playa muy peculiar.
Nayep, Luya y Roc, apreciaron la belleza del mar tanto así que decidieron quedarse allí.
- Amigos míos, les tengo que confesar algo.- dijo Roc, dirigiéndose hacia los dos
- Dinos Roc, ¿qué pasa? – preguntó preocupada Luya.
- ¿Te sientes mal Roc? – prosiguió inquieto Nayep.
- Lo que pasa es que mi tiempo de vida está por culminar, pues ya he vivido el tiempo sufieciente. – contestó Roc apenado.
-.¿No se puede hacer nada para que puedas vivir más tiempo? – le dijo Nayep.
-No Nayep, así es el ciclo de vida, uno tiene que nacer, crecer y morir .Sólo me queda disfrutar junto a ustedes mis últimos días.
- Entonces, vamos a acercarnos más para sentir la brisa del mar y observar como las olas, sin ninguna preocupación, van y vienen.
Por otro lado, Bunyip ya se había enterado que el rescate de Roc resultó todo un éxito. Furioso ante ello partió en su busca. No le importó donde se encontrara, solo pensó en acabar con él, ya que sintió ira porque Roc se había salvado sin que le pasara nada, a diferencia de lo que le pasó a él.
Lo buscó por todas partes, se sumergió por ríos, lagos y mares, y al fin dio con su paradero, lo encontró caminando junto a Nayep y Luya por la orilla del mar.
Bunyip lo observaba desde lejos, y al ver que estaba en la orilla, empezó a hacer un remolino en las olas y éstas empezaron a arrastrarlos; pero Roc, al verse rodeado de peligro junto a sus amigos y siendo conciente de lo que tenía que hacer, dijo:
- Amigos, ¡corran!, ¡huyan!, no dejen que los atrape, atajaré las olas, para que ustedes puedan escapar- dijo Roc con la cabeza casi cubierta.
_ ¡Oh! Roc eres tan bueno que te arriesgas por nosotros- dijo Luya conmovida.
_ Ustedes me rescataron, sin que yo se los pida, ¿como podría ser indiferente ante esto? Ahora es mi turno, yo debo salvarlos- dijo Roc lleno de valor, cuando las olas lo taparon por completo.
Nayep, orgulloso de ser amigo de Roc, y a la vez triste por no poder hacer nada, se fue y llevó a Luya con él.
Mientras volaban sobre aquel cielo celeste, Nayep exclamó:
_ ¡No, no podemos dejar a nuestro amigo en medio de las aguas, sería como olvidarnos de él!
_ Tienes razón- dijo Luya; hemos sido muy egoístas, al dejarlo sólo.
_ Entonces propongo en volver a buscarlo- dijo Nayep decidido.
_ Me parece bien, pero apurémonos que no nos queda mucho tiempo- contestó Luya.
Y así fue que tomaron la decisión de regresar para ver si su amigo se había salvado.
Mientras tanto, Bunyip llevó a la superficie a Roc, para que pelee con él. Nayep, quien ya había llegado al lugar, quiso ir a socorrerlo, pero en ese momento apareció Bunyip. Fue entonces cuando Luya detuvo a Nayep diciéndole:
_ No Nayep, no vayas; pues Bunyip te puede hacer daño a ti también; es mejor esperar aquí para ver que sucede y así poder actuar con cautela.
_ Está bien esperaré aquí, pero si veo que Roc necesita ayuda bajaré de inmediato- respondió Nayep muy preocupado.
Fueron testigos de esta feroz pelea el cielo y las aguas, Roc y Bunyip se batían en duelo a muerte. Todo sucedió tan de repente, Bunyip era el que más golpeaba, pues Roc, ya no tenía fuerzas, era muy viejo, y Bunyip mientras lo golpeaba decía:
_ Si los cazadores no te mataron, entonces lo haré yo. ¿Por qué tú te salvaste?,¿Por qué no te pasó nada?, golpeándolo cada vez más fuerte, con más rabia dentro de sí.
Fue en ese momento cuando Nayep descendió para ayudarlo, pero cuando descendía, sopló un viento muy fuerte y el cielo se nubló; entonces se desprendió de Roc una luz muy blanca en dirección al pato, pasándole su energía de vida, poder y fortaleza; y así fue como todo el poder de Roc pasó al alma del majestuoso pato.
|
 |